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Poesía de la Verapaz
 

 

 

 


Poesía de la Verapaz

Poco a poco iremos publicando poesías de verapacenses que han sobresalido en la poesía y aquí encontrarás una muestra de su obra.

 

 
 

Canto a la Tierra

Es tu imagen solemne
y es tu clima,
es la ronda de luz
es la alborada,
es el techo, la lumbre
que calcina,
es la puesta del astro
que en la cima
finge y ríe al morir
en la cañada.

Es tu humilde quietud
a tu bravura,
es la mansa serpiente que figura
en la hombría del hombre que se siente
como sol con sus rayos que fulguran
como mar que en su sal está latente.

Es tu noche y tu día
es tu importancia
cobijada en el verbo de su seno
es en cáliz de amor que da la estancia
en el sitio profundo del anhelo.

Julio Villela
 

 
 

 
 
 

Silencio

El bullicio del silencio
se me interna
entre un piélago de voces
que se van

Indolente pasajero
el dolor de no tenerte
lleva en su negro barco
soledad

Se me interna
en los afluentes de mi sangre
entre venas y arterias
ha de estar

Hay un sol
en el ocaso
donde la esperanza habita
es un punto donde espero
donde mis ojos
se me mojan
con esas aguas saladas
de mi mar

Carlota Stwolinsky
 

 
 

 
 
 

Equinoccial

Polvo de plata echó la mañana
ante su ojo de sol
embozo de cumbres traiba
en la frente un nubarrón

Riendo a trasluz venía
por los fueros del confín
dio color al amarilis
retraído en su pensil

Las campanas de mi pueblo
repicaron a las seis
¡qué espectáculo de plata tierna
ir haciéndose oro-miel!

Humberto Flores
 

 
 

 
 
 

Ocupación de tenerte

En ti, la luz es más que trigo.
Las palabras tienen la segura posesión
Del alma y ocupa la ternura frágil territorio
De bondades.

Tú predicas la paz vencedora del pecado,
El divino fruto de amarte enteramente
Limpio para besar el cielo religioso de tus manos.

Tú, agua y pan para mi vida,
Alimento diario que sustentas
El beso ausente de la harina,
Dame, ocupación definitiva de tenerte.

Carlos Humberto Ayala López
 

 
 

 
 
 

Quiero ser

El camino que recorres,
el libro que lees,
el reloj que te despierta,
agua en tus dedos,
y mejor todavía;
quiero ser
la luz de tus ojos,
música en tus oídos,
miel en tu boca,
sonrisa en tus labios,
quiero ser
anillo en tu dedo,
y solo tu tienes la respuesta.

Eduardo A. Tahay

 
 

 
 
 

De la Vida Dulce

Como joya de luces peregrinas
Emergías de tu alba vestidura,
Cuán tiernos el primor de tu cintura
Y el cándido halo en tus facciones finas.

Al vuelo de nupciales golondrinas,
Por la nave soberbia de blancura
Esplendió tu serena donosura,
Con la magia sutil de las ondinas.

Simbólica azucena, lirio humano,
Dulce Rebeca de Isaac ufano:
Que al fulgor de esmeralda de tus ojos,
Deslumbrados se aparten los abrojos;
Y que en tu alma, con cada amanecida
Haya un nuevo alborear para tu vida.

Malin D´echevers
 

 
 

 
 
 

Invitación

¡Venid a ver la alborada de enero!
¡Un rayito de luz
Al que llegue primero!

Quel tiempo de flores asoma
Antelando al gorjeo
Del senzontle en la poma

Olvidad vuestras penas;
Comulgad con la Hostia
-Amalgama de nardos y rosas, zucenas…

Mortiguando el anhelo
Teñid vuestros sueños
Con un poco de cielo

Ni os venza la angustia
Y aprended de la orquídea
Que florece y se mustia

¿A qué ir tras el rastro
De Midas si os falta
El oro del astro?

Deste oro ¡gozad!, cálido, tierno,
No esperéis el mañana
¡Sólo “hoy” es eterno!

Humberto Flores
 

 
 

 
 
 

Luz y Sombra

Un mundo bello, para mi expiativo:
Para mi, tumba de un dolor altivo.
Su faz hermosa, su soberbio encanto,
Sólo un sarcasmo para mi quebranto.

Su esplendidez, su luminosidad,
Sangriento escarnio de mi obscuridad.

Risa que emerge de sus hondos poros
Y que se expande en jubilosos coros.
En mi un pesar que es como el mar, profundo,
Y gigantesco como el propio mundo.

Toda la luz sobre la negra tierra,
Y en mi blancura, lobreguez que aterra.

Malin D´echevers
 

 
 

 
 
 

¿Por qué se fueron?

Dos golondrinas y un canario
en mi casa tuvieron su nido,
con cuidados, amor y calor crecieron,
cada día vieron el sol
y las estrellas titilar.
con temor observaron las luciérnagas,
sapos y brincadores grillos.
Jugaron y gritaron desde sus primeros días
revolotearon y pelearon mis tres pichones...
¡Se estaban preparando para la vida!
¡Ah! también aprendieron a volar.

Madrugaban para volar conmigo,
conocieron pueblos, ríos y montañas,
aprendieron a medir distancias y el tiempo
con el dedito índice y el pulgar
viajábamos felices...
pero el cansancio los hacía caer rendidos como aguacates
y siempre regresaban al nido
mis pichones, dos golondrinas y un canario.

Su canto fue más dulce que el de otros pichones,
rodeaban la mesa y a la luz del quinqué cantaban,
les gustaba escuchar historias y cuentos,
su imaginación volaba con los poemas que les leía...
crecieron mis pichones, dos golondrinas y un canario.
Y aprendieron a volar.

Llegaba el invierno con frío y lluvia
ellos eran felices jugando lodo,
en la primavera entre flores y mariposas...
sembraron pinos y liquidámbar que crecieron con ellos,
si, ellos también crecieron.
¡Y volaron mis pichones, dos golondrinas y un canario!

Los días se han ido como agua en mis manos,
hoy mi casa está en silencio,
eso me dejaron mis pichones,
¡ah! también dejaron camas vacías y zapatos viejos.
¿Porqué se fueron si este es su nido?
¿Dónde están? ¡oigan, aquí está su nido!
¿Porqué se fueron? derramo lágrimas por saber la respuesta.
¿Porqué se fueron? derramo lágrimas por no aceptar la respuesta.
¿Porqué se fueron? me lo preguntaré siempre,
siempre, hasta el último día de mi vida.

Eduardo A. Tahay A.
 

 
 

 
 
 

Llueve

El sueño me dio la espalda
al escuchar
en la noche
la serenata mojada
sobre el techo

En el bostezo absoluto
de una vigilia
inconclusa
se arropan mis emociones
desesperadas de auroras.

Cantos van
cantos vienen
con sus olores etéreos

En la música nocturna
se me extravió
el pensamiento.

Carlota Stwolinsky
 

 
 

 
 
 

Envidia

Tengo envidia del sol que te acaricia.
del aire que besa tu cara y tu boca
y se teje entre tu pelo.

Tengo envidia de tu almohada
que cuida tu sueño,
de las cobijas que te cubren,
tengo envidia del agua
que acaricia tu suave cuerpo
y del espejo que te mira.

Tengo envidia del que oye
la campana de tu voz
y del que ve tus manos.

Tengo envidia,
porque eso y mucho mas
puedo hacer por ti,
porque te amo, dulce amada mía.


Eduardo A. Tahay A.